Un dragón azul – ilustrado por Eider Eibar

Tippi nació en un cueva de dragones normales, quiero decir que todos eran iguales, de color verde, unos más grandes y gordos, claro, otros más pequeños y flacos.

Al principio, cuando todavía era un bebé, no se le notaba demasiado la diferencia. Pero luego empezó a crecer y todos vieron que era diferente porque… ¡era azul!

Azul como un cielo sin nubes, azul como una flor silvestre, azul como los ojos de algunas personas, azul como… como un globo azul.

Era un color muy extraño para un dragón y los demás dragoncitos empezaron a pensar que era un bicho raro. Ninguno quería jugar con él.

Jugaban al escondite, se tiraban al agua del pantano haciendo la bola, asustaban a los pájaros, volaban de árbol en árbol. Incluso jugaban con un balón de hierbas secas y barro. Pero dejaban de jugar cuando él se acercaba y hacían un corro aparte.

Tippi siempre estaba solo y no sabía jugar.

-No te preocupes -le decían sus padres-. Ya cambiarás de color cuando crezcas.

Pero el tiempo pasaba y seguía siendo azul. Así que fue a hablar con Txu, el más sabio de todos los dragones. Era un dragón muy, muy, muy viejo, que vivía en una cueva apartado de los demás.

-Las cosas son como son -le dijo el anciano Txu.

-Pero… ¡yo quiero ser como los demás! -protestó Tippi.

-¿Por qué? -preguntó Txu

-Porque no quiero ser diferente -dijo el pequeño dragón.

-Todos somos diferentes -dijo Txu-. No hay dos dragones iguales.

-¡Pero todos son verdes y yo soy azul! -se quejó Tippi.

-El color no importa. Importas tú.

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