Antonio Muñoz Molina

Premios conflictivos

Acabo de leer que a Antonio Muñoz Molina le han concedido el Premio Jerusalén 2012, que otorga la Feria de Libros de dicha ciudad, y que un grupo de personalidades le piden en carta abierta que no lo acepte, que no vaya a recogerlo, pues sería una forma de apoyar la política de apartheid que mantiene el gobierno de Israel contra la población palestina del país. Muñoz Molina ha respondido que piensa acudir a la cita y que lo hace porque «prefiere estar de parte de las personas y las organizaciones israelíes que militan a favor de la paz, en vez de boicotear a todo un pueblo».

Es cierto que la política del gobierno de Israel hacia una parte muy importante de sus ciudadanos es absolutamente inaceptable y que el asunto de los colonos clama al cielo, pero también es cierto que existen muchas personas y asociaciones israelíes judías que luchan a diario contra dichas injusticias, aunque no nos enteremos. Cierto también que en la foto saldrá el autor andaluz dando la mano al presidente Simon Peres, cabeza visible y responsable de la discriminación contra los palestinos en su propio país, pero habría que esperar a su discurso, pues nunca tendrá mejor tribuna para expresarse en pro de esa paz de la que habla.

De todos modos, si fuéramos a analizar los premios literarios “importantes”, cabría la posibilidad de hacerse infinidad de preguntas cuestionando las razones que llevan a unos a aceptar, o a rechazar, determinados galardones. ¡Allá cada cual con sus decisiones! Personalmente, no sé lo que haría, aunque tampoco me lo planteo dado que no se me va a presentar la ocasión. Lo que sí me planteo es el motivo de las suspicacias suscitadas en el caso de los escritores/as y no, por ejemplo, en el de los pintores, escultores, músicos, actores y demás. No creo que haya habido muchos autores de novelas, si los ha habido, cuyas obras hayan tenido la capacidad de influir en la política mundial a lo largo de la Historia, a pesar de que uno de los gestos más queridos por todos los déspotas que en el mundo han sido, y son, sea precisamente la quema de libros de cualquier género.

En fin.

 

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