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P’al culto

Al escuchar la expresión ‘autor de culto’ refiriéndose a un escritor, una entiende que el susodicho es brillante y poco conocido, diferente o inclasificable. Sin embargo, esta definición también podría referirse a un autor de género muy leído; tanto, que se ha creado una verdadera pasión en torno a su obra. Existen denominados autores de culto en todas las latitudes y un libro de 500 páginas no sería suficiente para incluirlos a todos: filósofos, ensayistas, novelistas, cuentistas, poetas… Los hay de todos los estilos y para todos los gustos, así que, al final, una no sabe a qué atenerse. Entiendo que creadores como Rainer Maria Rilke, Thomas Mann, Hermann Broch, Byron o Bertolt Brech, por citar a algunos, sean adjetivados como autores de culto En principio, dicha definición se aplicaría a un autor genial ya fallecido o a uno vivo, muy especial y controvertido, poco dado a mostrarse en público y que huye de las pompas y vanidades de este mundo, que haberlos, haylos.

Lo que no llego a entender demasiado bien son las ínfulas de algunos autorcillos que se incluyen en este grupo y no se ruborizan al hacerlo. Culto ¿de qué? ¿De cultura? ¿De cultivo? Existen varias definiciones en el diccionario, aunque me quedo con una: “Culto de dulía: el que se da a los ángeles y santos por sus excelencias de gracias con que Dios los ha dotado”. Muchas deben de ser las gracias de quien se califica a sí mismo autor de culto e insulta a la cara a otros autores y a sus lectores. Muchas deben de ser sus excelsitudes como escribiente para que diserte en plan oráculo. Es una pena, para él, que tan poca gente sepa que se halla ante un elegido por las musas.

En la iglesia a la que acudía siendo una niña había una sacristana marchita que recorría los bancos agitando un cestillo para que sonaran las monedas al tiempo que decía: “dinero p’al culto, dinero p’al culto”. Pues eso: tal vez sea hora de ir por calles, librerías y ferias agitando el cestillo y pidiendo “lectores p’al culto, lectores p’al culto”, para el culto de marras que prefiere que nadie lea un libro si no es el suyo.

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