Arpeako kobazuloa(2)

Nur y la cueva encantada

Suben a una loma pequeña y… ¡jo!
¿Qué es eso?
-Ahí está -dice Maddi-, la cueva de Arpea.
Nur abre la boca asombrada.
Es que no es una cueva normal. Las cuevas normales son redondas, o así… pero esta… esta tiene tres caras como si fuera un triángulo. ¡Eso! Es un triángulo cortado en una pared lisa.
¡UAU!
Está en un mini-valle, donde hay dos casas, un río mini y un puente, también mini.
Parece un sitio como los que aparecen en los libros de historias fantásticas. O como el pueblo de Frodo, el hobbit de “El señor de los anillos”, la peli que vio en el avión al venir.
-¿Vive gente en esas casas? -pregunta.
-No. Bueno sí, a veces -dice Maddi-. Son bordas, y los pastores traen aquí a las ovejas, aunque ahora no están.
-¡Vamos a ver la cueva!
Nur baja corriendo la pendiente sin acordarse de su rodilla, de su tobillo, ni del campeonato de baloncesto. Quiere llegar cuanto antes y ver la cueva de cerca.
-¡Nosotras la conocemos de sobra! -le grita Iraia- ¡Te esperamos en el puente!
-¡Vale! -grita ella a su vez.
Llega sin aliento. Y se queda muy sorprendida.
-¿Esto es una cueva? -pregunta un poco mosca en voz alta- Pero… ¡si es pequeñísima!
Es cierto, no se trata de una cueva de esas profundas y oscuras con monstruos, animales prehistóricos, brujas, murciélagos, fantasmas, o… o… lo que sea. Allí no hay nada, y hasta se ve el fondo y todo.
-¿Qué te parece?
Se vuelve y se encuentra con Koldo, el duende-guía de la selva de Irati, el duende-guía de Arrataka, el duende-guía de…
-Ahora soy el duende-guía de Arpea -dice él con una sonrisa de oreja a oreja.
-Pues aquí no tienes mucho que enseñar -le dice Nur.
-¿Tú crees?
-Pssss…
-¡Vamos para adentro!
-Pero si no hay nada que ver… se ve todo desde aquí afuera.
-Es porque tú no sabes mirar. En Arpea hay más que cuatro piedras.

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