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Negros literarios

Aunque los ingleses los llaman “escritores fantasmas”, en castellano se conoce por “negros literarios” a los anónimos autores que cobran por escribir para famosos que quieren dárselas de intelectuales –aunque a veces se vengan plagiando, y los susodichos no se enteran hasta que estalla el escándalo–. Tal vez es porque la esclavitud se relaciona con el color de la piel y, en este caso, porque trabajan en la sombra. Asimismo, se dice que era el nombre dado a los escribientes de Alejandro Dumas, nieto de una mujer negra, a quienes llamaban “los negros del negro” y que debieron de ser muy numerosos vista su prolífica obra.
Alguna gente importante tiene “negros” que les escriben los discursos. Se comenta por ahí que hay escritores que ganan un muy buen plus escribiendo soflamas y declaraciones políticas. Personalmente, tengo mis dudas en cuanto a la calidad literaria de sus autores cuando escucho ciertos discursos, pero no cabe la menor duda de que es imposible que determinados políticos tengan la capacidad mental suficiente para redactar ellos mismas sus arengas, aunque sean pésimas.
Las elecciones autonómicas se acercan, y puede que también las generales en un par de meses. Como decían antes: “que Dios nos coja confesados”. Ya no nos confesamos, así que no sé cómo nos cogerá Dios. Una cosa es cierta, durante estos días los contribuyentes hemos tenido un triple castigo: aguantar los discursos de los postulantes, escuchar promesas que sabemos no se cumplirán y, encima, pagar los gastos millonarios de la campaña electoral. Siempre queda el recurso de aislarse cual anacoreta y no abrir un periódico, no ver la tele, ni escuchar la radio, pero no nos hemos librado de los coches con altavoces que gritan al aire las consignas de los diferentes partidos. Los “negros” habrán visto aumentados sus ingresos con un mínimo esfuerzo puesto que todos los discursos son iguales: yo soy bueno, el otro es malo, yo soy demócrata, el otro no lo es. Únicamente hay que cambiar nombres y siglas.
Puestos a elegir, me quedo con los anónimos plumillas de Dumas. Al menos aquellos nos hicieron y nos hacen pasar momentos extraordinarios.

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