Escritores famosos, personas fracasadas

Algunos estudios demuestran que entre los escritores la tasa de suicidios, manías depresivas, abuso de estimulantes y alcoholismo, es dos veces mayor que entre las personas “corrientes”. Mariano José de Larra se descerrajó la sien de un pistoletazo; Virginia Wolf metió unas piedras en sus bolsillos y se adentró en el río; Hemingway se disparó un tiro con una escopeta; Salgari se clavó un cuchillo en el vientre, algo parecido al hara-kiri de Yukio Mishima sesenta años más tarde; Primo Levi se tiró por el hueco de un ascensor… Otros, como Rimbaud o Poe, optaron por una forma más lenta para acabar con sus vidas: el alcohol y las drogas. El miedo a la vejez o al fracaso, la falta de inspiración, la propia inseguridad, fueron algunas de las razones de sus depresiones suicidas.
Muchos famosos son personas excéntricas, hurañas, altivas e, incluso, maleducadas. Conozco el caso de un escritor que exige comer en los privados de los restaurantes y, cuando no hay privado, pide que coloquen un biombo entre él y los demás comensales; otro reclamó que ubicaran la mesa de firmas en el departamento de lancería femenina de unos grandes almacenes en lugar de en el de librería. También conozco a uno que nunca da la mano cuando le presentan a alguien.
Las vidas privadas de algunos escritores afamados son en sí mismas novelas de terror: orfandad, maltrato infantil, homosexualidad no reconocida, ninfomanía, demencia prematura, drogadicción, pasión no correspondida, dependencia materna, relaciones sado-masoquistas… Así como otros que abandonaron a sus sacrificadas mujeres cuando les llegó el éxito, renegaron de sus hijos ilegítimos, o encerraron a sus hijos mentalmente débiles y se olvidaron de ellos.
En fin, que si para ser autor o autora de alguna genialidad literaria es preciso ser una persona excéntrica, depresiva, alcohólica, fracasada en lo personal y en lo familiar, maniática, egoísta, snob o pagada de sí misma, es una suerte no ser genial, y vivir y morir en paz.

Dejar un comentario