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El mayor bestseller de la Historia

La Biblia en sus dos versiones, Antiguo y Nuevo Testamento, además de ser el libro más leído, traducido y vendido de la Historia, es una gran novela histórica que para sí quisieran unos cuantos autores y editores. No hay cifras exactas sobre el número de ejemplares publicados, empezando por los manuscritos y finalizando por las reproducciones digitales, pero han sido millones desde el boom editorial que comenzó con la puesta en marcha de la imprenta de Gutenberg y no se ha detenido en todo este tiempo. Este sí que es un verdadero bestseller, ¡lo demás son cuentos!

Poco se imaginaban los autores anónimos de la primera entrega, hace 2.500 años, que su obra, en parte novelada, en parte basada en antiguas tradiciones de la zona, en parte concebida para crear un canon de comportamiento acorde con aquellos tiempos, iba a tener semejante éxito a través de los siglos. Y, probablemente, tampoco se lo imaginaron los de la segunda entrega, mucho más pacífica y humanista.

Jamás obra literaria alguna ha influido de forma tan radical en las leyes, tradiciones y sociedades de una parte de la humanidad. Reyes, dictadores, demócratas, jueces y reos han jurado sobre ella; científicos, filósofos, inquisidores y místicos se han inspirado en sus palabras; buscadores de griales, esoteristas, ateos y románticos han creído encontrar la respuesta en sus páginas y su contenido se ha interpretado para justificar todo tipo de gobiernos, guerras, conquistas, opresiones y miserias que en el mundo han sido y son. También ha sido y es fuente inagotable de inspiración para novelistas, autores de teatro, poetas, cineastas, músicos, pintores, escultores y, por supuesto, para gente religiosa de todo pelo.

Dejando a un lado cuestiones de fe, en las que ni entro ni salgo porque cada cual es muy libre de creer en lo que quiera, es cuanto menos anacrónico que en el siglo XXI un fundamentalista católico afirme sin rubor que “La antigua narración del Génesis deja entender cómo la mujer, en su ser más profundo y originario, existe por razón del hombre”. Sólo falta declarar dogma el asunto aquel de la costilla.

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