Día del Libro

23 de abril, de nuevo el Día del Libro. Los libreros se echan a la calle, llueva o haga sol; salen de sus locales y se instalan al aire para acercarse a los viandantes, lectores o no. Mi padre solía decir que a él le habría gustado ser librero, de aquellos que tenían un espacio en la parte trasera de su local donde, alrededor de una estufa y de una taza de café, se reunía un pequeño grupo de amantes de la literatura para hablar de las últimas novedades y de este o aquel autor. Y yo pensaba que a mí también me habría gustado ser la hija de un librero para tener todos los libros del mundo a mi alcance. ¡Qué tiempos!

En los últimos años, muchas editoriales han sido absorbidas por otras más grandes y estas, a su vez, lo están siendo por grupos mediáticos internacionales que hablan de cifras que soy incapaz de calcular, de ventas y de pérdidas, IVAs, balances, precios, pirateos, recesión y crisis. Los gremios de editores y libreros también hablan de lo mismo, hacen declaraciones, presentan sus memorias, estadísticas y estudios, pero nunca mencionan a los autores/as sin los cuales no existirían ni unos ni otros

Y los autores/as, por lo que se ve, lo van a tener aún más difícil, porque los grupos editoriales potentes, decididos a acaparar el mercado, no van a apostar por los desconocidos y tampoco van a publicar a los conocidos que no vendan lo que ellos esperan. De todos modos el oficio de escritor siempre ha sido una labor esforzada y tampoco es fácil la del editor “de raza”, al que de verdad le gusta la literatura y no edita libros como quien hace tornillos. A pesar de los pesares, ambos se empeñan en seguir adelante para disfrute de todos aquellos que gozamos con la lectura, y con la escritura.

Así que un año más ¡feliz Día del Libro!

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