Bestsellers

Todos los años, algún bestseller rompe barreras y se destaca en el universo literario como la traca final de una exhibición de fuegos artificiales. No importa que las críticas sean negativas, se lancen anatemas desde los medios especializados, se denoste su estilo literario y su falta de calidad, se le acuse de ser sólo un producto comercial y se le augure un futuro invisible, el libro aparece y vende miles, ¡millones!, de ejemplares en todo el mundo para desesperación de puristas y literatos.

La propia palabra “bestseller” tiene una connotación negativa y, sin embargo, la Academia de la Lengua la define como “un libro de gran éxito o mucha venta” sin referirse para nada a sus cualidades o ausencia de ellas. Novela que vende mucho, novela que sufre acerbas diatribas y es automáticamente colocada dentro de la categoría de literatura basura adonde, por cierto, han ido a parar muchas obras espléndidas que hoy gozan de estupenda salud. Cada vez que aparece un bestseller que arrasa, se vuelve a hablar de la ética literaria del autor que no cede a las exigencias del mercado y publica con cuentagotas o del que, por el contrario, acomoda su capacidad imaginativa a la demanda de sus lectores y publica con asiduidad.

Algunas personas elevan la literatura a nivel supraterrenal en el que únicamente tienen cabida cuatro elegidos; les gustaría mantenerla en un entorno privilegiado, sólo al alcance de unos pocos iniciados, pero, al mismo tiempo, se quejan de que la gente lee poco. Alaban a Juan Rulfo quien, por propia decisión, publicó una única novela en su vida y vilipendian a Stephen King que ha escrito más de cincuenta en veinticinco años. Hablan de esencias literarias, intelectuales, espirituales y otras monsergas, y olvidan la libertad de decisión individual, una de las pocas cosas verdaderamente intransferibles, tanto del escritor como de sus lectores. ¿A quién le importa que el libro sea un bestseller, un bodrio infumable o una obra maestra? El tiempo pondrá a cada cual en su lugar.

Comentarios (1)

  1. Siendo realista opino que para un escritor/a ganarse la vida con su oficio requiere de un cuajo y una determinación que roza lo ectraterreno.¿Con este panorama quién diría que no quiete ser un best seller, cuando tras miles de negativas editoriales que ni se molestan en leer a un nobel, terminas autoeditando y no te da ni para pagarte él ISBN y él registro de la obra?
    En lo meramente implícito al que es best seller, en mi opinión ante todo respeto; cualquiera que sea capaz de crear un libro, de editarlo,publicarlo con un sello grande y además sea un best seller creo que se lo merece.
    La respuesta al tema planteado es una gran verdad universal: \”Para gustos los colores y para libros los lectores\’, pues son estos los que hacen de un libro un best seller con su demanda y compra de ejemplares.Por mucho marketing que haga un sello editorial importante quiero creer que cada uno sabe lo que quiere o no quiere leer, porque de otro modo estaríamos dejando en muy mal lugar a aquellos que nos leen.
    Finalizando, quiero dejar constancia de que a este que escribe, lo hace gracias al gran Stephen King, pues fueron sus libros los que me abrieron la puerta al mundo de las letras y me hicieron enamorarme del placer de leer, que más tarde se transformó en la necesidad de la escritura.
    Un abrazo
    Oskar

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