Nací en Vitoria-Gasteiz hace ya un montón de años y fui una niña muy movida, ¡y muy charlatana! Lo cual sigo siendo, por cierto. No muy brillante en mis estudios, todo hay que decirlo, pero sí nadadora de competición, que no se me daba nada mal. Estoy casada desde hace 46 años. Alberto y yo tenemos dos hijos, un yerno y una nieta. Ah, y mi madre tiene noventa y cuatro, muy buena salud y la cabeza en su sitio.

También era, y soy, lectora compulsiva. La lectura del Diccionario Mitológico de don José Miguel de Barandiaran me llevó tiempo después a reescribir las leyendas vascas que más me gustaban, Leyendas de Euskal Herria / Euskal Herriko Leiendak. Y las obras de Alejandro Dumas y Victor Hugo me adentraron en la novela de género histórico, que me atreví a emular siendo ya una señora… mayor.

Tuve la suerte de tener unos padres avanzados a su tiempo, que decidieron enviarme a estudiar a Francia, Inglaterra y Alemania, donde saqué los títulos que luego me permitieron trabajar como traductora técnica durante un buen número de años.

Pero soy una persona inquieta y, cuando mi marido y yo nos asentamos con nuestros hijos en la villa de Larrabetzu, juntos creamos un grupo de teatro, y luego otro. Después empecé a trabajar en la ETB, la televisión vasca, con un pequeño programa de 10′. Cinco años después, dirigía un programa diario de hora y media. Hasta que me echaron.

Volví a las traducciones y fue cuando hice una apuesta con un amigo a que era capaz de escribir una novela. Escribí La Abadesa, y gané la apuesta. Pero la guardé, e inicié un nuevo trabajo, La calle de la Judería, que envié a varias editoriales, y me la devolvieron. Así que me puse a escribir otra novela, ya que me resultaba un placer inmenso. En el interim, la editorial Ttarttalo aceptó publicar La calle de la Judería. A partir de ahí fueron viendo la luz Las torres de Sancho, La Herbolera, Señor de la guerraLos hijos de Ogaiz y La Brecha, ¡y dejé las traducciones!

Por eso de probar algo nuevo, acepté la propuesta de la editorial Maeva para publicar en su sello. Con Maeva han salido La Abadesa, La voz de Lug, La Comunera, El Verdugo de Dios, A la sombra del templo, El jardín de la Oca, y La Universal, además de dos chuflas que disfruté escribiendo: Los grafitis de mamá y Placeres Reales.

Por si no tuviera suficiente, acepté escribir un libro con Ángeles de IrisarriPerlas para un collar, una serie de narraciones cortas sobre mujeres cristianas, judías y moras en los reinos medievales de la Península, que editó la editorial Suma de las letras.

La editorial Erein me propuso reeditar el libro de las leyendas, y acepté. De paso, también me ha publicado La cadena rota, La flor de la argoma, Veneno para la corona y la serie de historias para niños de entre 7 y 12 años, NUR. Y Brujas, un ensayo sobre la brujería en general y vasca en particular, ilustrado maravillosamente por Juan Luis Landa, quien también es el ilustrador de los cuentos de NUR y de las leyendas.

Luego llegó, Mareas / Urak dakarrena, publicado por la editorial Ttarttalo. Se trata de 35 historias, de 35 mujeres, en 35 pueblos de la costa vasca a lo largo de veinte siglos. Creía que iba a ser pan comido, pero resultó un trabajo bastante denso, y del cual estoy muy satisfecha.

Además de cuatro nuevas entregas de la serie ‘NUR’, en los últimos años han salido: ‘Itahisa’, una historia de amor hacia 1800 entre un vizcaíno y una mujer canaria, y ‘ENDA’, un reto épico-fantástico-histórico, que pienso repetir porque la experiencia ha sido verdaderamente placentera. En 2015 se publicó la novela: “Y todos callaron”, que trata sobre el miedo a pensar, a hacer, a opinar… En fin, del miedo a ser libre. Y este año pasado, 2016, “Tierra de leche y miel”, sobre el tráfico de reliquias en Palestina en el siglo XIII, época de cruzadas, guerras de conquista y miserias, muy parecida a la actual, pero con un toque de humor. Todos ellos publicados con la editorial Erein, además de ocho títulos para contar a los niños/as que no saben leer: “Bazen behin…”, en euskera; “Érase una vez…”, en castellano.

Este mes de Mayo de 2017 se presenta muy activo. Verá la luz una nueva entrega de la serie ‘NUR’, “Nur y el viaje a Irlanda”. También se reeditará la chufla “Los grafitis de mamá, ahora abuela”, un texto lleno de ironía sobre la condición de ama de casa, puesta al día y con nuevas ilustraciones. Y veremos el largometraje de dibujos animados “Nur eta herensugearen tenplua / Nur y el templo del dragón” cuyo director Juanba Berasategi nos dejó hace un par de semanas para nuestra tristeza.

Por otra parte, doy charlas por aquí y por allá; actúo con Maite Itoiz, una músico extraordinaria; también con Emilio Arias, luthier y trovero, con quien hago unas risas; y con el grupo ‘Soiñu Magikoa’, con los que se intenta acercar al público la música clásica y la mitología vasca. Suelo colaborar con los medios de comunicación cuando me lo solicitan y hago otras cosas, como escribir letras para canciones, guiones para ballets y vídeos, y participo en aventuras musicales y teatrales de lo más curioso.

Ah, y tengo obras traducidas al francés, inglés, catalán, alemán, ruso, portugués y ¡chino!