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Un libro es un pequeño jardín

Aquellos que no leen pierden la oportunidad de viajar a mundos imaginarios o reales; de disfrutar, gozar o sufrir, sin moverse de casa, de la silla de su guardia nocturna, de la inmovilidad obligada por la enfermedad. El libro es compañía y puerta abierta al mundo. La lectura es un ejercicio privado e íntimo, silencioso, al igual que lo ha sido el del autor/a que ha dedicado muchas horas a crear su particular cosmos imaginario, cuando la obra es ficción o poesía; o a exponer sus conocimientos, investigaciones e hipótesis, cuando se trata de un ensayo. El lector decidirá si le gusta o no lo que ha leído y repetirá autor/a o buscará algo diferente, sin presiones ni obligaciones, porque es libre de elegir y crear un universo a su medida. Escritor y lector comparten unos momentos únicos de complicidad, encuentro o desencuentro, pero ninguno permanece indiferente al otro, puesto que un escritor sin lector y viceversa es una ecuación incompleta. No hay dos escritores que escriban igual aunque traten un mismo tema o utilicen un mismo estilo literario para expresarse, pero tampoco hay dos lectores que lean una obra de la misma manera. La lectura es de las pocas cosas en este mundo globalizado que aún conserva la libertad total de la decisión personal.

Desde niña he leído mucho, bueno, malo, interesante, divertido o dramático, clásicos y modernos, prosa, teatro, poesía, literatura testimonial o de evasión, pero nunca he leído nada aburrido que yo haya elegido, aunque algunas veces me haya equivocado en la elección. He viajado a tierras que jamás conoceré, vivido mil vidas diferentes, aventuras únicas, sentido emociones y soñado despierta; me he indignado o emocionado, he sido heroína, víctima y verdugo, pero, sobre todo, he disfrutado intensamente de un placer difícil de explicar a quien se lo niega a sí mismo. Hay un libro para cada lector, encontrarlo es asunto de cada cual; depende de la edad, del momento, del ánimo… En mi caso, recuerdo cómo me gustaban los cuentos de hadas cuando era niña, ¡creo que leí todo lo que se editaba entonces! Mi siguiente recuerdo son ya novelas: aquel malvado pirata de pata palo a quien no se podía odiar y el niño en busca de “la isla del tesoro”; “los tres mosqueteros” que luchaban ellos solos contra decenas de hombres del terrible cardenal; el pobre Edmund Dantés encerrado injustamente que regresaba muchos años después para vengarse convertido en “el conde de Montecristo”… Luego, una época romántica en la cual una profesora me introdujo en la poesía; y más tarde otra en el teatro con el perverso “Ricardo III”, aquel que pedía un caballo para huir a cambio de su reino, la historia de amor imposible de una pareja de jóvenes llamados “Romeo y Julieta” difíciles de olvidar, o los tejemanejes de “la Celestina”, una alcahueta sin escrúpulos y dos enamorados envueltos en su tela de araña. Y luego más y más novelas. La pasión incontrolada, tremenda, descarnada, entre Heathcliff y Cathy en aquellas “cumbres borrascosas” que una imaginaba en algún lugar oscuro y perdido de Inglaterra; la maldad sibilina de “la prima Bette”, tan odiosa como engatusadora, o aquellas picantes “crónicas italianas” de un francés con seudónimo alemán. Y de vuelta a la novela histórica, ¡cómo no!, con el descubrimiento de un césar romano de nombre “Claudio”, superviviente en un ambiente de intrigas y asesinatos, y tres días increíbles (¡y setecientas páginas de vellón!), en la corte de Francia con “la reina Margot”, su marido – el que dijo aquello de que París bien valía una misa, y se cambió de religión para poder ser rey – y, sobre todo, la tremenda madre y suegra, alma mater de la matanza de los hugonotes el día de San Bartolomé. Y también de viaje, uno extraordinario al siglo XI, de la mano de un musulmán, un judío y un cristiano cuyas vidas se entrelazaban hasta encontrarse una sola vez en “el puente de Alcántara”; o ese otro, fascinante, a Oriente en compañía del hijo de un carpintero inglés para poder cumplir su deseo de llegar a ser “el médico”; o el no menos fascinante, divertido e iconoclasta del joven porquero convertido en “el peregrino” a Santiago… Y, entre novela y novela, ensayos eruditos sobre creencias antiguas, religiones, vascones, herejes, templarios, cátaros, mujeres, campesinos, clérigos, papas, señores y reyes… y un descanso para leer una joyita, una fábula sobre “las dos ancianas” esquimales, abandonadas por su tribu que logran sobrevivir al frío y al hambre gracias a la sabiduría adquirida a lo largo de sus vidas.

Hay un dicho chino que dice que un libro es un pequeño jardín cuyas flores nunca se marchitan. ¡Yo estoy rodeada de cientos de pequeños y hermosos jardines!

Comentarios (8)

  1. Mi vida siempre la recuerdo con un libro, mi padre me enviaba a la cocina para que aprendiese a cocinar, yo me iba pero a sentarme a leer en una esquina. Siempre me pillaba con el consecuente coscorron que me ganaba. No soy buena cocinera pero si una buena lectora. No hay nada que me guste más que una librería, puedo pasar horas ojeando, mirando, buscando… Es una sensación única para mi… ese olor, el silencio, esa paz y esa felicidad cuando salgo con mi nuevo tesoro, son momentos indescriptibles, solo puede entenderlo quien ama los libros. Gracias por formar parte de mi mundo , gracias por hacerme descubrir nuevos paisajes, vidas, historias increíbles y creíbles.

  2. Para mí todos los libros que tengo en mi casa son mis mayores tesoros, me hayan gustado más o menos, de todos he sacado algo, he aprendido, he viajado, he imaginado y he vivido diferentes vidas. Lógicamente, como en todo, ha habido algunos que me han “marcado” especialmente y son especiales para mí por lo que me han hecho sentir y por lo que he disfrutado con ellos; entre ellos están, como no podía ser de otra manera, “la Herbolera” y “Enda” de Toti, “La sombra del ciprés es alargada” de Miguel Delibes, y “La colmena” de Camilo
    José Cela. Para mí la lectura es un placer, una vía de escape, un refugio, una experiencia increíble que me acompaña todo el día porque aprovecho cualquier momento, por pequeño que sea, para leer; y desde hace muchos años, especialmente los libros de Toti constituyen una parte muy importante y muy amplia de ese mundo literario que me rodea. Te lo he dicho muchas veces Toti, pero te lo digo una vez más, muchas gracias por dedicarte a la escritura y por hacernos estos grandes regalos que son tus novelas, y que en mi vida son imprescindibles.
    Estoy deseando leer “Y todos callaron”, seguro que es genial.
    Musu handi bat!!!!

    • Bueno… yo todos, todos no los he disfrutado. ¡He leído algunos que daban grima!
      Pues ya veremos qué te parece “Y todos callaron”, porque este también es diferente de los que he escrito hasta ahora. Es cuestión, como se dice, de innovar!
      Un abrazo para ti también.

  3. ¡Hola querida Toti Martínez de Lezea! Soy una chica italiana de 30 años y me llamo Giovanna.
    En 2008 he leído \”A la sombra del templo\” que fue mi argumento para la tesis.
    Tengo una curiosidad: ¿Alguna vez has pensado en traducir sus novelas en Italiano?

    • Hola Giovanna,
      Gracias por leer una de mis novelas, espero que te animes y leas las otras 20!!!
      Claro que me gustaría que algunos de mis libros se tradujeran al italiano, pero no se puede hacer nada si no hay una editorial italiana que se interese… Una traducción resulta cara en dinero y tiempo, así que no se puede traducir así porque sí, sin un proyecto. Si te animas tú a traducir un capítulo y a presentárselo a una editorial, por mí encantada.
      Un beso.

  4. Hola Toti
    Me han regalado tu libro y todos callaron y en un dia casi lo tengo terminado,imposible dejarlo de leer
    Lo mas curioso es quien me hizo el regalo, mi hijo de 11 años asesorado por la chica de la libreria de zamakoa, se gasto su dinero incluido la calderilla para darme una sorpresa
    Un gran abrazo y gracias por escribirlo

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