Cultura

Siempre ha habido gentes que se han considerado cultas y han calificado de incultas a todas aquellas que no siguieran su estela. Los romanos llamaron ‘bárbaros’ a los pueblos que conquistaron a sangre y fuego, mutilaron y crucificaron al borde de sus calzadas. Se alaban sus logros arquitectónicos, técnicos y culturales, pero se omite mencionar las civilizaciones aniquiladas, las costumbres destruidas, las lenguas y creencias que hicieron desaparecer. Igualmente podría decirse de los imperios que han llevado la muerte y la destrucción en nombre de la civilización, la suya. Españoles, portugueses, ingleses y franceses asesinaron a los indios americanos, “salvajes” según ellos, e impusieron su cultura, religión y lengua a los sobrevivientes. El resultado salta a la vista. Gran Bretaña intentó hacer otro tanto en la India y expolió los territorios africanos bajo su protectorado. Francia, Bélgica, Holanda, Alemania y otros países la imitaron. Los europeos dividieron los antiguos reinos de Oriente Medio ayudándose de una regla y un cartabón, y EEUU, fundado sobre las cenizas de las naciones indias, destrozó Iraq, un país milenario al que prometió cultura y progreso, y ha dejado en la ruina más absoluta. Estos son tan solo unos pocos ejemplos, pues podría decirse lo mismo de rusos, chinos, árabes, japoneses y otros.

Los conquistadores han esgrimido en todo momento la cultura como una de las razones de sus conquistas, cuando el verdadero motivo ha sido siempre la avaricia. Dicho comportamiento se repite en todos los niveles de la sociedad: el rico se cree más culto que el pobre, el blanco más que el negro, el payo más que el gitano, el escritor sin éxito más que aquel que lo tiene.

La cultura es el resultado o efecto de cultivar el conocimiento; no es potestad de la riqueza, ni del color de la piel, ni de la raza, ni del éxito o del fracaso creativos. Es patrimonio de cada pueblo, de cada grupo humano que la ha desarrollado según sus necesidades; es la herencia, la sabiduría y la experiencia vital de hombres y mujeres. Creerse culto y llamar incultos a los demás no es sino una muestra de pobreza intelectual que convierte en ignorante a quien de ello presume.

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