Calidad y Premios

Un grupo de escritores firmó hace unos años un manifiesto en contra de los premios Euskadi de Literatura aduciendo, entre otras cosas, que no se adjudicaban a la calidad literaria, sino que dependían de aspectos que poco tenían que ver con la misma, y es cierto. Quienes andamos en este mundillo sabemos de la existencia de compadreos a la hora de otorgarlos. Pero ocurre igual con casi todos los premios.

El Nobel es el resultado de un año de presiones diplomáticas a alto nivel, en el que no están ausentes los intereses políticos que mueven el mundo. No se entiende, por ejemplo, que se lo concedieran a Cela estando Delibes vivo. El Nacional de Narrativa o el Cervantes del Estado español dependen del partido en el gobierno y van a parar a escritores de derechas o de izquierdas según sople el viento, o a una autonomía o país de habla castellana diferente cada año para que resulte políticamente correcto. Los premios detrás de los cuales se encuentran editoriales de peso se acuerdan con los “premiables” antes del fallo. Son un medio para vender y, en algunos casos, para birlar autores a la competencia.

“Algo huele mal en Dinamarca”, sospecha Hamlet en el drama de Shakespeare, y lo mismo ocurre en los premios del ámbito literario, pero una cosa son los jurados y otra, los galardonados. Los primeros pueden tener sus filias y sus fobias, sus preferencias y su voto predeterminado antes de entrar a deliberar. Sé de fallos en el Euskadi de Literatura otorgados sin que los jurados hubieran leído todas las obras seleccionadas; de uno, en que un jurado defendió la obra de su pareja de cama; de otro, en que el defendido era un compañero de militancia, o de otro, en el que algunos de los jurados se negaron siquiera a valorar una de las seis obras finalistas. Sin embargo, los autores no entran ni salen en este asunto -al menos no los premiados a obra publicada que está en la calle y al alcance de toda crítica-, y lo hacen lo mejor que saben, al margen de galardones y polémicas.

En lo referente a la calidad literaria, y partiendo del supuesto de que el autor premiado sabe escribir, depende de las épocas y de los gustos.

En cuanto a los premios, pienso sinceramente que ningún escritor/a debería hacer parte de un jurado literario por no ser neutral a la hora de juzgar la obra de un colega, sobre todo si este tiene más éxito. De todos modos, para cualquier autor/a únicamente existe un premio merecido: el de los lectores que leen su libro, y repiten con el siguiente.

Comentarios (5)

  1. Por supuesto que los autores no son culpables directamente de los chanchullos, pero, perdona que te diga, indirectamente si. simplemente debemos recordar ese dicho ” cuidado con las compañias” o ” dime con quien andas…”

  2. Francisco Encinas Robles - Responder

    Te descubrí en mi viaje a Euskadi de este verano al ver dos libros tuyos en una estantería a la entrada de la catedral. Ya voy por el segundo libro A la sombra del templo. Me gusta tu novela histórica ambientada en tu tierra (yo soy de Torrox Málaga)
    Lo que te falta es la suerte de la fama, al menos por aquí abajo no te conocemos mucho.
    Te seguiré leyendo

  3. Estamos haciendo un trabajo sobre ti y nos gustaría tener contacto contigo para facilitar nuestro trabajo y poder conseguir una buena nota. Escríbenos si te es posible. Gracias de antemano.

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